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Busqué lo que quedaba de mí en la habitación del hotel, y luego te vi en esa cama de matrimonio con forma de chocolatin. Parecías un ángel, pero a los dieciséis yo ya había aprendido que no existen, o sea que parecías algo que no existía. No fui capaz de recordar nada, ni siquiera cómo habías llegado allí. Bajé a desayunar. Traté de recordar la noche pasada y sólo recordaba la vereda mojada. Regresé a la habitación y tú ya no estabas. En lugar había una cámara, con varias sonrisas.
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