domingo, 29 de octubre de 2017

Algún día me verás de otro modo. Te girarás y dirás que no me quisiste, y yo pensaré que el mundo a veces es injusto e ingrato. Pensarás que el azul es sólo un color mediocre, uno de tantos, y que, al fin y al cabo, si pudieras elegir, nunca elegirías un color, sino poder volar. Luego mirarás lo que te queda entre las manos. Las cicatrices. Los calendarios. Los acuses de recibo de tantas cosas que nunca llegaron, y las canciones que hablaban de alguien llamado tú-y-yo. Tal vez sonreirás y pensarás que no fui tan cruel, y que cuando te miraba a los ojos decía la verdad. O en el peor de los casos descubrirás que nunca aprendí a mentir y que era cierto. Que te quería y me dolías algunas veces. Que te quise bailar en cada rincón del planeta. En cada palabra vestida de julio. En cada orilla de la ciudad. Que a pesar de todo, si yo hubiera podido elegir, te hubiera elegido para todo. Pero nos pasamos la vida queriendo poder elegir, y no es tan fácil.
Nuestro hijo iba a llamarse Invierno. Iba a ser un chico tímido y feliz, de esos que escriben poemas a su primera novia en un pedazo de cartón, y de los que prefieren ir al lago que al parque de atracciones. Iba a llamarse Invierno y a ser muy valiente, iba a tener tus ojos y mis manos, tus labios y mis dedos, y tu nariz. Iba a ser nuestro cielo y nuestra tierra. A aprender a mentir a los veinticinco, porque antes es mejor decir la verdad. Iba a ser bajito y alegre, algo así como de metro sesenta de corazón. Íbamos a ser muy felices, y a viajar por Europa, por África, y por todos aquellos lugares donde alguien necesitara un poema, una foto, o un abrazo.

Invierno iba a ser muchas cosas, y de él sólo nos quedó el frío.
En verdad lo que más detesto no son los adjetivos, son los momentos que no van a volver. O sea, lo que detesto es que no vayan a volver, ahora que me despierto cada día abrazado a tu recuerdo y te quiero tanto como antes o más. Y te quiero tanto como antes o más, pero no soy mejor persona. Ni soy mejor amante, ni soy mejor en nada. Tal vez, porque sigo siendo el mismo, te sigo queriendo. Cumplíamos años cada día y te regalaba flores. Mentíamos en las esquinas, pero nos queríamos de verdad.

¿Y ahora? Ahora palabras tristes y sobres cerrados. Ahora empezar de nuevo para otros labios..
Me parece que lo que más me molesto de Sonora fue que haya convertídose en lo que más odiaba, no que me haya dejado, porque Sonora, fue la chica más dulce que conocí en mi vida. Y ahora es todo amargo, y fumo rubios los cigarrillos para acordarme de su pelo. El mate sin azúcar, el café sin leche, y doscientas pitadas por día.