sábado, 29 de septiembre de 2012



Hubo una vez un lugar en el que siempre era invierno. Donde las narices siempre hubieran estado rojas y tapadas por las bufandas, no había cisnes y uno podría haber sabido a dónde iba una persona con sólo verle el aliento. No nevaba, porque no llegaba la lluvia y por eso cuando nevaba, era como el primer día de tu primer año en la escuela.
 No había edificios altos de esos que pasan los cincuenta pisos, ni tampoco bajos, de esos que no llegan a los tres. Las calles no eran de nubes pero no pasaban nunca autos, no tenían baches de esos que te hacen golpear la cabeza contra el techo de felpudo, ni poca luz. Pero los autos se habían ido de este lugar con los cisnes. Nunca hubo un robo ni un asesinato. Tampoco ninguna maldad cometida de parte de alguien hacia nadie.
 No había reyes. No había nada muy diferente de ninguna otra cosa. Había algunos árboles que crecían de forma muy parecida que nos hicieron acordar a las clases de natación. El día que nadamos de pecho y nos dijeron que con nuestras alas teníamos que agarrar un libro, abrirlo, mirarlo, romperlo, agarrar otro, abrirlo, mirarlo, romperlo. Repetir el proceso hasta que te lleve a algún lugar. Por suerte siempre nos costó abrir los ojos abajo del agua así que dejamos natación.
 Nunca hubo perros, ni jirafas, ni lagartijas ni lombrices. Ni cisnes. Tampoco hubo mucha gente. En realidad nunca hubo gente, por eso todo esto no lo sé en realidad, porque nunca nadie me lo contó. Y en ese lugar en el que siempre era invierno, las cosas no podían ser verdad si no te las contaba alguien o había una explicación. No hay explicación para los lugares, simplemente existen. 
En ese lugar no había personas, pero había sombras que vivían allá atrás y no acá adelante y vos pensabas en todos esos lugares y no te animabas a recorrer unos nuevos y mi sombra escuchaba ruidos allá atrás y vos estas tan lejos y yo no tengo nada que te haga venir acá. Y dicen, solamente dicen, que cuando una sombra se suicida se transforma en esos poetas de 19 años que están sufriendo. De ese lugar no me olvido, porque estas pero tu sombra sigue allá atrás.
 Hubo una vez un lugar en el que siempre era invierno. Donde las narices siempre hubieran estado rojas y tapadas por bufandas. Si hubiera habido narices.


Esta nota es vieja pero se presta para la depresión de hoy. Creo que volvio el hijo de puta que estaba encerrado alla. 
seis meses helados guardo en mi cajón: tres son del invierno, dos mi corazón. y el que queda es tuyo, bien ganado está, tus estrellas frías que olvidaste acá. manos congeladas, nieve en verano. con guantes de lana tu fantasma abrazo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Hola.

Hola, tengo twitter ... y sopa con letras de colores.

sábado, 1 de septiembre de 2012


Y te pones a pensar a las 6:37 a.m. de que tenes alguien que te quiere mucho y te acompaño al recital de las pastillas, te cocina ñoquis, y te da los besos en el cuello mas reconfortantes ... y te alegras y sonreis. De eso se trata el amor, de sonreir. 
La gente, es como copos de nieve: Todos, a simple vista son parecidos, se podría decir que réplicas exactas, pero nunca vas a encontrar dos iguales.
Lo único que tiene la gente igual, es lo que quieren. Todos quieren amor
Te puede faltar el agua, te puede faltar la comida, te puede faltar plata, te puede faltar un cuerpo hermoso, te puede faltar la casa de tus sueños, te pueden faltar un millón de cosas, pero no te puede faltar el amor.
Por qué me tendría que importar el mundo si... No... Me es irrelevante si el mundo me considera o no, algo inexhorable. Más bien sería: por qué me tiene que importar algo tan aburrido como el mundo.
Y esto seguramente sea mentira, por ahí estaría bueno ser importante para el mundo, pero solo si el mundo fuera más lindo. O tal vez el mundo empieze a ser más lindo si le empiezo a importar ¡Que optimismo que hay en el aire! Me siento Franz Kafka y Edgar Allan Poe juntos.