me hundo en las sábanas y me quedo horas, mirando al techo, extrañando tu pelo, estando.
se me pasan las horas entre una vacilación de ideas que tienen un axón infinito. o mejor, cuando llegan a las dendritas le pasan el impulso nervioso a otra más y así. y no termina más. y cuando quiero que se termine me vuelvo a oler las palmas de las manos en una tranquila desesperación. de nuevo el frío, de nuevo el calor, de nuevo el teléfono que no para de latir.
me irrita y me voy. algo me dice que vuelvo a mí. y me conformo con eso aunque no sea lo que más me gusta degustar, porque no existe, y porque de existir, seguramente el problema sería yo.
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