domingo, 29 de octubre de 2017

Nuestro hijo iba a llamarse Invierno. Iba a ser un chico tímido y feliz, de esos que escriben poemas a su primera novia en un pedazo de cartón, y de los que prefieren ir al lago que al parque de atracciones. Iba a llamarse Invierno y a ser muy valiente, iba a tener tus ojos y mis manos, tus labios y mis dedos, y tu nariz. Iba a ser nuestro cielo y nuestra tierra. A aprender a mentir a los veinticinco, porque antes es mejor decir la verdad. Iba a ser bajito y alegre, algo así como de metro sesenta de corazón. Íbamos a ser muy felices, y a viajar por Europa, por África, y por todos aquellos lugares donde alguien necesitara un poema, una foto, o un abrazo.

Invierno iba a ser muchas cosas, y de él sólo nos quedó el frío.

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