martes, 29 de abril de 2014

... dos o tres veces me pareció que era ella. En la aglomeración veía de pronto, entre las muchas cabezas, un cuello o un peinado o un hombro que parecían los suyos, pero después la figura se completaba y el cuello o el hombro afín pasaba a integrarse con el resto y perdía su semejanza. A veces una mujer vista desde atrás tenía su mismo paso, sus caderas, su nuca. Pero de pronto se daba vuelta y el parecido se convertía en un absurdo. Lo único que no engaña (de sus rasgos físicos) es la mirada. En ningún lado encontré sus ojos ...

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