sábado, 21 de diciembre de 2013

Te necesita cuando su mundo se derrumba sin importarle que con su llamado termine derrumbando el tuyo.
Está en camino. Te ponés a revisar tu casa. Buscás eliminar cualquier rastro de abandono personal. No es necesario que vea como todo sigue exactamente igual al día del último episodio. Aquella vez intentaste hacerle creer que había tanta basura porque estabas averiguando formas de reciclarla, pero era mentira. Si había basura acumulada era porque te habías olvidado de sacarla. Hace tiempo te venís olvidando cosas. Hasta te olvidaste que se iban a olvidar. 
Se retrasó pero eso no te sorprende. Te preguntás por qué no entra hasta que recordás que ya no tiene la llave. Lo único que tiene tuyo es tu atención constante. Probablemente sea por eso que después de saludarte con un abrazo eterno se deje caer sobre el sillón como quien espera un masaje en los pies. Te cuenta que tiene problemas amorosos. Pero no con vos, claro, sino con otro, con el de turno. Ese que no se merece el lugar que le tocó. 
"Cómo me gustaría poder tener con otro esto que tengo con vos." Lo dice como si nada, como si no fuese hiriente el comentario. Encima lo dice de manera tan inocente que te resulta imposible creer que lo hizo a propósito. Que lo hizo buscando dañarte... Pero lo hizo. Quiere que todo lo que decís se lo diga otro, quiere que todo lo que hacés lo haga otro. Te tiene en el banco de suplentes, pero no piensa hacerte entrar aunque los otros once jugadores sufran una fractura expuesta.
¿Qué va a pasar cuando finalmente aparezca ese "otro"? Probablemente termines transformándote en esa persona que no es de la familia pero que igual sus hijos llaman "tío". Pero, si sos más inteligente y recuperás tu dignidad, podés convertirte en aquel gran amor del que les hablará a sus hijos. Ese que se le escapó por haber sido tan imbécil de buscar en otro lado algo que ya tenía.

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