Al fin. A las siete y media salí de la oficina y fui al apartamento. Ella, había
llegado antes, había abierto con su llave y se había instalado. Cuando llegué me recibió
alegremente, sin inhibiciones, otra vez con un beso. Comimos. Reímos. Hicimos el amor.
Todo estuvo tan bien, que no vale la pena escribirlo. Estoy rezando: "Que dure", y para
presionar a Dios voy a tocar madera sin patas."
Domingo 23 de febrero
Hoy, después de cuatro meses, estuve en el apartamento. Abrí el ropero. Estaba su
perfume. Eso qué importa. Lo que importa es su ausencia. Ahí estaba su ausencia ...
Lunes 24 de febrero
Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente
oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí con todas mis
fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era sólo una
tregua."
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