Me quedaba solo, en la misma cama donde minutos antes había sido tan feliz, y muchas veces llorè. Era una mezcla de llanto y maldiciones, llanto de dolor, de impotencia, por haber caído nuevamente en su amor, en su cuerpo, me sentía el peor estùpido sobre la tierra. Y sabía que no iba a poder amar a nadie mas.
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