domingo, 15 de marzo de 2015

Estamos en la cama. Llorando me decís que ya está. Yo te digo que te voy a extrañar demasiado y me decís que pare. Te pido que te quedes a dormir una noche más y te vas a pensar al living mientras fumás un cigarrillo. Volvés y me decís que dormís conmigo y esa noche dormimos más abrazados que nunca. Me desperté temprano para ir a trabajar y no quería separarme de vos, necesitaba la certeza de que iba a volver e ibas a estar ahí: sumida en un sueño muy profundo, toda larga y flaca arriba de las sábanas (desordenadísimas como todo lo que tocás) y esa molesta y perfecta armonía de color ojos-pelo-piel.
Te pedí que por favor no te fueras, que no nos separásemos, que sigamos probando, que quería volver y verte durmiendo, mío. Vos sabías que eso iba a pasar, que si todo se termina tiene que ser caótico. Y nunca voy a saber si por sueño o por amor me dijiste que sí, y volví y te abracé, también, más que nunca.

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