Los fantasmas me siguieron por las rutas. Lo puedo ver en todas partes. En los ojos de los pescadores, en las nubes de la playa. Despreciando todo lo convergente, soy como un mercado de cosas muertas. Los productos vencidos son los que agonizan. Les grito a los extraños: Saquéenme, estoy listo. A nadie le importa. ¿Por qué habría de importarles?. Solo acepto efectivo, y en este pueblo comprar con debito sale veinte pesos más caro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario