Una vez hice un pozo y me metí adentro. Afuera había una tormenta de arena y el viento cargado de polvo me raspaba la piel y me lastimaba adentro. Adentro había lombrices y cada tanto algún bicho, pero por lo menos no había viento que lastimara. Alguna que otra picadura de insecto, pero nada que un beso no pudiera curar. Qué lindo un beso tuyo.
Las paredes de mi pozo eran de seda y estaba tibio. No como un café que se enfría o un vaso de agua que se calienta. Era como la ducha cuando encontrás el punto justo entre el agua caliente y la fría. Había tanta seguridad ahí adentro como abajo de las mantas de tu cama cuando afuera había ruidos raros.Una vez hice un pozo para que no me golpeara la tormenta y me dormí adentro confiando en que parase.
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