Si
algún día te acuerdas llámame, no lo olvides. No olvides que te quiero
aunque tú no quieras; aunque no me quieras, digo. No te olvides de
otra cosa; no te olvides de decir que me extrañas, miénteme si hace
falta, será nuestra mentira piadosa y yo seré feliz mientras tanto. No
te olvides de agarrarme de la mano, aunque te cueste, porque cuando te
tomo de la mano me siento más fuerte, no sabría explicarlo. No te
olvides de nuestro paseo nocturno, cuando la Luna está alta y los
grillos cantan escondidos. No te olvides, por lo que más quieras, de que
mi cumpleaños es el 28 de julio y soy alérgico a las abejas. No te
olvides de que no quiero regalos, sólo quiero que vengas y te quedes esa
noche y por la mañana comamos tortitas para el desayuno. No te olvides
de la rutina de los corazones rotos, que tardan 368 días y 500 noches
en olvidar. No, no te olvides de que me gusta escuchar a Sabina cuando
me encuentro solo y no me siento a cenar con nadie. Me gustaría
pedirte, ya de paso, que no te olvides de mi. No te olvides tampoco de
lo que te dije hace tiempo: que te querría para siempre. No te olvides que yo siempre cumplo lo que digo. Sabes, creo que el que debería olvidar soy yo pero, antes de eso, no te olvides de llamarme.
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