¿Qué es la vida?,
se preguntaba ella cada mañana... Vivía simplemente por el hecho de
vivir, sin sentido, se encontraba sumida en un vacío existencial, veía
la vida pasar ante sus ojos con indiferencia, sin ninguna ilusión y sin
ningun propósito.
Despertó
una mañana, no había razón alguna por la que esa mañana fuera especial,
se preparó el desayuno y salió de casa, a caminar por las calles,
buscando una razón, pero jamás imagino que en verdad la encontraría ese
día. Se sentó en el parque a observar a los niños jugar, a las personas reir, a la gente vivir... Y asi estaba ella observando, como siempre distante, como siempre fría; Y entonces ocurrió algo que hubiera podido parecer insignificante, pero cambió su vida para siempre. Un hombre se sentó junto a ella, nunca antes lo había visto, pero había algo muy familiar en su mirada, se presentaron sin razón alguna, solo por el presentimiento de que era su destino conocerse, hablaron durante horas, hablaron de todo y de nada. En sus ojos ella veía algo más, algo por lo cual valía la pena vivir, un lugar donde podía estar segura y perderse sin temores, al mirar sus ojos sabía que allí era el lugar donde debía estar.
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