Se me había caído el espejo al suelo y vaya, a nadie le importaba. Aquel espejo roto en cristales que reflejaban mi cara por doquier. Tampoco importa que se haya roto, así es como me siento casi siempre: roto. Pero ¿por qué nadie se fijó en que mi espejo se había roto? la gente seguía caminando y caminando y yo en el suelo recogiendo el espejo con miedo de que se rompiese más. Así soy yo, el espejo ya estaba roto pero no quería romperlo más. Así creo que somos todas las personas, jamás aceptaremos que estamos rotos
No hay comentarios:
Publicar un comentario